Emilio Streicher intentó hacer fraude para cobrar el seguro, quemó su sombrerería, pero acabó destruyendo viejos y valiosos archivos coloniales y nunca pagó. A principios del siglo XX, en el lugar que hoy ocupa el palacio Liévano, existía un edificio que ocupaba toda la manzana. Allí funcionaban las autoridades municipales y otros establecimientos bogotanos: el Concejo Municipal, el penal de mujeres conocido como Cárcel de Divorcios, las notarías y las alcaldías. Además, allí se ubicaba el archivo histórico de la ciudad y el tribunal de cuentas. En la esquina norte de la manzana se encontraba la casa familiar de Francisco Sanz de Santa María, que también sirvió como residencia de los virreyes Amar y Borbón, Antonio Nariño y Simón Bolívar. Entre los años 1827 y 1828, la capital del país sufrió dos grandes terremotos que afectaron las estructuras de antiguas construcciones. Por esta razón, los hermanos antioqueños Juan Manuel y Manuel Antonio Arrubla, alrededor del año 1842, construyeron las famosas Galerías Arrubla de la época colonial. Sin embargo, allí siguieron funcionando las alcaldías. Paralelamente surgieron nuevos locales comerciales de todo tipo, entre los que se encontraba el del alemán Emilio Streicher. Allí había una sombrerería que estaba en quiebra. El sombrerero, al verse ahogado por las deudas, decidió prender fuego al lugar con el objetivo de cobrar un seguro que le permitiera salir del embrollo. La noche del 20 de mayo de 1900 se iniciaron las llamas en el local de su propiedad, llamado Al Progreso. La Compañía Colombiana de Teléfonos de Bogotá, fundada en 1884; archivos históricos de la época colonial; Archivos del consejo; convertidos en cenizas los libros donde se encontró el acta del 20 de julio de 1810 y algunas casas vecinas terminaron. Al final, las autoridades lograron confirmar la culpabilidad del alemán porque cobró las pólizas de seguro de la sombrerería y otros seguros a nombre de la empresa que representaba el negocio. Sin embargo, nunca lograron detenerlo para pagar los inmensos daños causados a la memoria colectiva de Bogotá y a los edificios cercanos. En 1910, por iniciativa del ingeniero Indalecio Liévano, los dueños de los locales y almacenes quemados decidieron construir un nuevo edificio y resurgir de las cenizas. Los diseños fueron del arquitecto francés Gastón Lelarge y la inauguración se realizó en la alcaldía municipal de Julio Portocarrero. El nuevo edificio sirvió, en régimen de arrendamiento, como sede municipal de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Los ciudadanos accedieron a los nuevos locales comerciales por la calle 10 y carrera 8, los cuales fueron inaugurados a bombo y platillo y que supusieron una novedad inesperada para los habitantes de la capital en ese momento. La nueva estructura pasó a llamarse Edificio Liévano y, de esta manera, las Galerías Arrubla desaparecieron del comercio de la ciudad. En 1974, el Edificio Liévano fue comprado por el municipio a la familia propietaria. El lugar, entonces, fue reestructurado y apto para el funcionamiento de la Alcaldía Mayor de Bogotá. El proceso se llevó a cabo durante el gobierno municipal de Aníbal Fernández de Soto, quien estuvo en el cargo hasta agosto de 1974, cuando se concretaron las gestiones y la compra del inmueble a la familia del Ingeniero Liévano y a los dueños de los 35 locales comerciales. En 2018, durante la segunda administración de Enrique Peñalosa, se invirtieron 1,102 millones de pesos para la recuperación de la fachada del edificio y restauración arquitectónica. Adicionalmente, en 2019 se destinaron otros 897 millones de pesos para proteger su integridad como bien de interés cultural de la ciudad. Galerías Arrublas de la Vieja Bogotá Corría 1846. En aquellos días en que la actual cosmopolita y caótica ciudad era sólo un pueblo paramuna, los hermanos antioqueños Juan Manuel y Manuel Antonio Arrubla se convirtieron en visionarios al construir el primer centro comercial de la capital. Fue la única estructura que existió en la época colonial en la plaza y se encontraba junto a la estatua del Libertador Simón Bolívar, instalada ese mismo año, durante el Gobierno del presidente Tomás Cipriano de Mosquera. Allí existían cafés visitados por los bohemios de la época y almacenes de productos importados donde la élite bogotana llegaba a ponerse de moda, entre otros establecimientos comerciales. Además, en el tercer piso funcionaban las oficinas de la administración municipal el día que el alemán Emilio Streicher decidió incendiar la memoria y los edificios más queridos de una ciudad que lo había acogido como a cualquier otro migrante y le había dado la oportunidad de hacer negocios lejos de casa. Navegación de publicaciones





