Camilo Páez, experto en libros, fue curador y martillo de la subasta con ediciones únicas organizada por La Independencia y la Cámara del Libro. ¿Cuánto pagaron? La idea de realizar una subasta en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FiLbo) nació tres meses antes del inicio de la feria, durante una charla entre amigos. Felipe Martínez, director de programación cultural de FiLBo, quien asumió recientemente en febrero de 2026, le dijo a Camilo Páez montar una subasta piloto en un tiempo récord, algo nunca antes visto en los treinta y ocho años que lleva celebrándose el evento del libro más popular de Colombia. También le puede interesar: Así se mueve la compra y venta de obras de arte en las dos casas de subastas más conocidas de Bogotá Páez, historiador de la Universidad Nacional apasionado por los libros raros, aceptó el desafío con grandes expectativas. Se puso manos a la obra y estableció los criterios para saber qué libros se iban a subastar. Lo más importante, sin menospreciar al medio millón de personas que visitan de media la feria, fue encontrar un equilibrio entre libros consagrados comercialmente y al mismo tiempo una joya editorial. Camilo Páez trabajó en la Biblioteca Nacional de Colombia como coordinador del grupo de Colecciones y Servicios, digitalizando y preservando el patrimonio documental del país. Uno de los libros más raros de la subasta Sin embargo, hubo excepciones a la regla, como el Libro Azul de Colombia, un libro gordo e imponente encargado por el entonces presidente conservador José Vicente Concha al escritor Jorge Posada Callejas, que puede entenderse como una guía promocional de la Colombia de principios del siglo pasado, cuando Panamá aún formaba parte del territorio nacional. El Libro Azul se publicó por primera vez en Nueva York. Su principal objetivo fue promover las relaciones comerciales y mostrar a Colombia como un país atractivo para los inversionistas extranjeros. Cuando Camilo Páez, quien también hacía de martillo, anunció el precio de salida de novecientos mil pesos del enigmático Libro Azul, el centenar de personas presentes en la sala quedó envuelta en una sorprendente quietud, como si no pudieran creer que ese libro del que probablemente nunca habían oído hablar en su vida costaba casi la mitad del salario mínimo. También puedes leer: Los lujosos libros de Villegas Editores que ahora pueden estar al alcance de cualquier bolsillo En medio de ese aire de expectación, una paleta en un rincón de la sala se levantó cautelosa. El gesto fue casi imperceptible, único movimiento en medio de un mar de doscientas sillas vacías. El Libro Azul, un libro que Páez siempre había querido subastar, se vendió sin que nadie más luchara por él. Otra de las rarezas del evento fue la novela que Félix Ángel autoeditó en 1975 y que le valió el exilio por su contenido homoerótico. El best seller de la subasta Mientras Páez buscaba coleccionistas privados, que son los que tienen libros raros en Colombia, para armar la colección de libros que se iban a subastar, se convenció de no incluir a Gabriel García Márquez: le parecía un autor demasiado manido comercialmente y, por tanto, un candidato poco original para estar en la lista de subasta. Sin embargo, el directorio de la Cámara Colombiana del Libro y la casa de subastas La Independencia no aprobaron que García Márquez fuera retirado de la lista y Páez terminó obteniendo seis primeras ediciones del autor. Uno de los problemas a los que se enfrentan los coleccionistas de García Márquez es la falsificación de las firmas del escritor. Cuando Páez, con su característico entusiasmo, anunció los libros de Gabo por un precio de 300.000 dólares, los asistentes, como caballos desbocados, levantaron los remos hasta saltar la barrera del millón de dólares. En ese momento, la tensión ocupó toda la sala: sólo quedaban dos personas compitiendo en las seis primeras ediciones de García Márquez. Finalmente, un comprador de teléfonos se quedó con el lote por 1.300.000 dólares. Otro de los libros que también fue éxito de ventas fue un ejemplar con veinte caricaturas de Omar Rayo firmadas por él, que tuvo un precio final de 1.100.000 dólares. Finalmente, a pesar de la escasa asistencia y la incertidumbre inicial, el experimento liderado por Páez demostró que el coleccionismo de rarezas literarias ya no puede pertenecer a un nicho pequeño. De ahora en adelante, queda sobre la mesa un nuevo desafío para el próximo año: no se trata sólo de llenar las trescientas butacas del auditorio, sino de contar con un catálogo más amplio que no deje fuera a aquellos autores que a Páez le hubiera gustado incluir; por ejemplo, al argentino Jorge Luis Borges. Y aún queda en el aire otro desafío: que la subasta pueda realizarse en un horario en el que FiLBo tenga más gente que un miércoles a las 5:30 de la tarde. También te puede interesar: Navegación de publicaciones





