La panadería fundada en 1989 cerró 2023 con ventas récord y encontró en la tradición navideña una palanca clave para su recuperación. En diciembre, cuando el calendario se convierte en una excusa para comer mejor y más a menudo, Pan Pa Ya encontró una respuesta inesperada a sus propios fantasmas. Mientras muchas marcas afinan promociones o bajan precios para atraer clientes, esta panadería bogotana hizo algo más básico: volvió a lo que la gente reconoce como propio. Donas. Amasadura. Masa caliente que huele a casa. Sólo en ese mes, Fabio Cortés, uno de los dueños de la empresa, vio salir de los hornos cerca de tres millones de buñuelos. No es una cifra anecdótica: es la señal más clara de que la empresa no sólo sobrevivió a sus peores años, sino que también aprendió a leer mejor a su clientela. Lea también: Así logró Pan Pa Ya superar crisis, números en rojo y seguir creciendo en el extranjero Pan Pa Ya no siempre estuvo en esta tesitura. Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que cada cierre de una tienda parecía una amputación. Durante la pandemia, mientras Bogotá se vaciaba y el miedo ocupaba escaparates y cajas registradoras, la empresa tuvo que bajar las persianas una tras otra. Tenían casi 60 tiendas; Cerraron 15. Intentaron trasladar a los empleados de un punto a otro para no despedirlos, renegociaron costosos contratos de arrendamiento y vieron cómo las ventas se desplomaban. A esto se sumaron decisiones de inversión que no salieron como se esperaba y que profundizaron el golpe. Una de esas apuestas fue su ingreso a los supermercados La 14, la histórica cadena caleña fundada en 1964 y que terminó cerrando definitivamente en 2022. Pan Pa Ya había invertido en 15 locales dentro de esos supermercados en el Valle del Cauca. La quiebra de La 14 también arrastró esa inversión. Fue una pérdida millonaria que los socios prefirieron no cuantificar públicamente, pero marcó uno de los momentos más críticos para la empresa. Fueron años de números rojos, de decisiones incómodas y de la sensación persistente de que el proyecto podía terminar. Hoy el panorama es otro. En 2023 cerraron con ventas por 96.000 millones de pesos. Estos días abren su cuarta tienda en Estados Unidos. Y en diciembre, cuando el consumo se vuelve emocional, encontraron en los buñuelos una fórmula sencilla y potente para reactivar la relación con sus clientes. No es sólo un producto estrella: es un símbolo. Para muchos colombianos, dentro y fuera del país, el buñuelo es una forma de regresar, aunque sea por un momento, a una mesa familiar. La historia de Pan Pa Ya comienza lejos de los hornos industriales y de la expansión internacional. Comienza en 1986, cuando un grupo de amigos, ingenieros industriales de la Universidad de los Andes, decidieron ahorrar juntos sin saber exactamente para qué. Cada uno guardaba una parte de su salario en un fondo común. Tres años después, cuando uno de ellos fue despedido, revisaron ese fondo y descubrieron que ya tenían suficiente capital para intentar algo. Buscaron opciones, fracasaron en varias –importación de computadoras, una tienda de ropa infantil– y terminaron mirando hacia un negocio mucho más cercano. Lea también: Pan Pa’ Ya y los cuatro amigos que venden pan caliente a todas horas En el barrio de Pasadena, al norte de Bogotá, una prima de Felipe Estrada vendía una pequeña panadería. El local contaba con 45 metros cuadrados y cuatro empleados. Ninguno de los socios sabía de repostería, repostería o café, pero vieron una oportunidad. Desde el primer día tuvieron una idea clara: no querían una sola panadería, querían una cadena. Empezaron allí. Luego abrieron otra tienda en Puente Largo, luego en Bella Suiza. El crecimiento fue gradual, sostenido, casi artesanal. El gran salto llegó con la tecnología. A finales de los noventa y principios del nuevo milenio, algunos de los socios viajaron a ferias internacionales del sector en Estados Unidos y Francia. Allí conocieron los sistemas de ultracongelación, una tecnología que permitía fabricar productos en una sola planta y distribuirlos congelados hasta los puntos de venta, donde solo necesitaban ser horneados. Pan Pa Ya fue la primera empresa en Colombia en adoptar este modelo. La apuesta les permitió estandarizar la calidad, reducir desperdicios y, sin saberlo en ese momento, abrir la puerta a la internacionalización. La primera tienda fuera del país llegó en 2002, en el condado de Broward, Florida. La elección no fue casual: allí vive una de las comunidades colombianas más grandes de Estados Unidos. Después de años de conocer el mercado estadounidense, abrieron una segunda tienda en Pembroke Pines en 2013 y una tercera en Doral en 2015. Hoy, con la cuarta en funcionamiento, La Florida sigue siendo su base en Norteamérica. La internacionalización representa alrededor del 6 por ciento de los ingresos de la empresa. De los casi 100.000 millones de pesos vendidos en 2023, unos 6.000 millones provinieron de exportaciones. El 47 por ciento de estos productos llega a Estados Unidos, el 25 por ciento a España, el 22 por ciento a Canadá y el resto a Australia. En diciembre los buñuelos congelados se convierten en uno de los productos más solicitados por quienes quieren replicar una Navidad colombiana a miles de kilómetros de distancia. Después de las crisis, Pan Pa Ya volvió a ser una sólida empresa familiar. Hoy cuenta con 45 tiendas en Colombia y una operación internacional que crece cautelosamente. No se presenta como una historia épica o un milagro empresarial. Es más bien el resultado de insistir, corregir errores y entender que el negocio no siempre está en lo nuevo, sino en lo que la gente reconoce como suyo. En Navidad, Pan Pa Ya no sólo vendía buñuelos: vendía recuerdos, costumbres y una sensación de continuidad. Y en un país acostumbrado a ver caer empresas históricas, eso también cuenta como una victoria.





