Tumaco, la perla del Pacífico, tiene fascinantes historias precolombinas, mitos de terror y pusandao, el caldo festivo que quita la resaca. Bajo los manglares y las playas de arena oscura de Tumaco, se esconde un inventario de historias insólitas y curiosidades que desafían cualquier lógica. Las historias de este territorio comenzaron hace más de dos mil años. Mientras que en Europa los herreros ni siquiera sospechaban la existencia del platino, los orfebres de la cultura Tumaco-La Tolita ya lo moldeaban con maestría. Fueron los primeros humanos del planeta en fundir este precioso metal, casi 1.400 años antes de que los científicos europeos lograran dominarlo en el siglo XVIII. Su obra cumbre fueron las máscaras ceremoniales de oro con ojos y dientes hechos de platino puro, una hazaña tecnológica que continúa asombrando al mundo hoy. Actualmente, uno de los ejemplos de estas máscaras ancestrales se encuentra en el Museo del Oro del Ecuador. Foto: Wikipedia. El misterio también rodea su origen colonial. Aunque la fundación de Tumaco es conmemorada oficialmente el 30 de noviembre de 1640 por el jesuita italiano Francisco Ruggi, existen otras hipótesis. Uno de ellos señala que el territorio fue colonizado mucho antes por navegantes mayas enviados desde Chichén Itzá por el rey Canek para escapar de una hambruna, al mando de Ah Tupp Kabal. Los mitos locales, en cambio, prefieren atribuir la creación del archipiélago a tres colosales monstruos marinos -una manta raya, una concha y un caballito de mar- que acabaron petrificados por el viento. Muy cerca, en la Isla Gallo, ocurrió otra hazaña mundial: en 1527, Francisco Pizarro trazó con su espada la famosa línea en la arena que definió la conquista del Imperio Inca con los «Trece de la Fama». Sin embargo, el hecho más sorprendente en este puerto ocurrió el 31 de enero de 1906. Un terremoto de magnitud 8,8, el más violento en la historia de Colombia, sacudió el Pacífico provocando un devastador tsunami. Cuando el mar retrocedió, presagiando una ola gigantesca que arrasaría la isla, el pánico se apoderó de los residentes. En un acto de extrema audacia, el sacerdote agustino recoleto Gerardo Larrondo tomó la custodia de la hostia consagrada y se dirigió directamente a la playa. Frente al coloso de agua, el sacerdote levantó la hostia y trazó en el aire la señal de la cruz; La ola se detuvo repentinamente y se rompió, empapando al religioso sólo hasta la cintura. Este suceso, catalogado como el “Milagro Eucarístico de Tumaco”, inspiró décadas después al milenario santo Carlo Acutis. Este es considerado el único milagro eucarístico en Colombia. Ese misticismo convive a diario con el folklore y la gastronomía local. En los esteros aún se susurra con miedo el mito de «La Tunda», una mujer monstruosa con pata de molinete que «trastorna» a niños y borrachos alimentándolos con camarones crudos. Y para curar el miedo o quitar la resaca, el puerto ofrece su mejor receta ancestral: el «pusandao», un caldo festivo que mezcla carne serrana, bagre, plátano verde, papa pelada y huevo duro, todo aderezado con chillangua y chirarán, las hierbas silvestres que definen el alma de esta Perla del Pacífico. También te puede interesar: Navegación de publicaciones





