Las mujeres afro que encontraron su libertad sembrando manglares en una vereda de Bolívar

Las mujeres afro que encontraron su libertad sembrando manglares en una vereda de Bolívar

Lo que empezó como una lucha territorial acabó convirtiéndose en una herramienta de empoderamiento femenino. Durante años, las mujeres de Villa Gloria vivieron bajo reglas que parecían imposibles de romper. Muchas dependían completamente de sus maridos. No podían trabajar, salir solos ni tomar decisiones sobre su futuro. Su mundo se limitaba al hogar, al cuidado de sus hijos y a las tareas domésticas. Incluso para varios de ellos, comprar algo para ellos dependía del dinero que recibían de sus socios. Sin embargo, lo que parecía una historia destinada a repetirse generación tras generación comenzó a cambiar gracias a una sorpresa con señales de milagro: los manglares. En esta pequeña comunidad, ubicada en la zona insular de Cartagena, la transformación comenzó con Gloria Esther Sánchez, una mujer que se ha convertido en una de las voces más importantes del territorio. Además de liderar procesos comunitarios, es representante de la Asociación de Mujeres Negras Rurales y una de las principales defensoras de los derechos de las comunidades que habitan esta zona de Bolívar. Su carácter firme y su formación como abogada terminaron siendo fundamentales para cambiar el rumbo de Villa Gloria. Cuando conoció los planes para la construcción del viaducto El Gran Manglar, Gloria descubrió que su comunidad no había sido incluida en las discusiones sobre el proyecto. La decisión la indignó. Consideró que las familias que vivían al lado del ecosistema debían ser escuchadas y participar en las decisiones que afectarían su territorio. Por eso acudió a los tribunales. |Le puede interesar Los pueblos escondidos de Colombia que ahora quieren brillar ante el mundo La tutela que presentó terminó favoreciendo a la comunidad y abrió la puerta a una serie de acuerdos relacionados con la restauración ambiental, la reforestación de manglares y la participación de los habitantes en procesos de recuperación ecológica. La lucha de las mujeres de Villa Gloria por alcanzar su libertad Esa decisión terminaría cambiando muchas vidas. Antes de que comenzara el proyecto, la situación económica era difícil para muchas familias. Había hogares donde apenas había suficiente para una, ojalá dos, comidas al día. Algunos niños iban a la escuela sin desayunar y los pequeños gastos diarios se convirtieron en lujos imposibles de afrontar. La dependencia económica también generó otros problemas. Varias mujeres vivieron situaciones de violencia doméstica o limitaciones que les impidieron construir su propio proyecto de vida. De repente, algo empezó a cambiar. Las conversaciones entre mujeres permitieron a muchas compartir experiencias similares y encontrar apoyo mutuo. Poco a poco comenzaron a organizarse y participar en los procesos de restauración ambiental impulsados ​​en la comunidad. Lo que empezó como un proyecto ecológico acabó convirtiéndose en una herramienta de empoderamiento. Actualmente participan 26 mujeres junto a sus familias y 18 pescadores que apoyan las labores de restauración. Durante las temporadas de siembra, algunos pueden obtener ingresos cercanos a los 600 mil pesos mensuales, suma que representa un alivio importante para los hogares que durante años dependieron de una sola fuente de ingresos. Varios también han iniciado pequeños cultivos y emprendimientos complementarios que les permiten generar recursos adicionales. Muchas ya no eran vistas únicamente como amas de casa. Ahora son trabajadores, líderes comunitarios y, en muchos casos, el principal sostén de sus hogares. Algunos incluso piensan de manera diferente sobre el futuro. Entre ellas, hay mujeres que sueñan con estudiar derecho, psicología y otras carreras profesionales para seguir fortaleciendo el legado que hoy construyen. Los manglares que sanaron este rincón de Bolívar La restauración de los manglares sigue el ritmo de la naturaleza. La siembra sólo se puede realizar durante la temporada de lluvias, generalmente entre octubre y diciembre. Por eso los días comienzan antes del amanecer. Las mujeres preparan el desayuno, organizan a sus hijos y se van a trabajar. La marea dicta las reglas. Al observar el movimiento del agua, identifican dónde se concentran las semillas y comienza el proceso de recolección y clasificación. Gracias a este trabajo, la comunidad ha logrado plantar entre 20.000 y 40.000 plantones cada año. Posteriormente, las semillas son llevadas a viveros donde reciben el tratamiento necesario antes de ser trasladadas a las áreas de restauración. En este proceso han contado con el apoyo de organizaciones como EcoExplora, encargadas de brindar soporte técnico y capacitación especializada. Cinco meses después de la recolección comienza una nueva etapa. Los pescadores de la comunidad participan activamente en la selección de terrenos y en el trasplante de manglares, asegurando que las nuevas plantas tengan mayores posibilidades de supervivencia. A medida que llegan nuevas temporadas de siembra, la comunidad continúa monitoreando y cuidando las áreas restauradas. Hoy Villa Gloria no sólo trabaja en la recuperación del pantano. También participa en proyectos ambientales, iniciativas turísticas y procesos de capacitación que incluyen clases de inglés, gastronomía y servicios al visitante. Lo que comenzó como una lucha por ser escuchados terminó convirtiéndose en una oportunidad para transformar todo un territorio. Y para muchas de estas mujeres, la libertad llegó donde menos la esperaban: entre el agua salobre, el barro y las raíces de los manglares que hoy ayudan a inspirar la vida de la comunidad. Ver también: Navegación de publicaciones

Fuente de la Noticia

Compartir en: