Operada por Aerocivil, que dirige Luis Martínez, han llovido quejas por falta de controles y protocolos de manejo en la difícil pista de Juan José Rondón. El avión de Yeison Jiménez se movía lentamente, como dudando en separarse del suelo. Sus dos hélices giraban, el ruido crecía, el piloto exigía más potencia, pero la velocidad no llegaba. Así se vio en los videos que aparecieron tras la tragedia. La pista estaba terminando y el Piper Navajo N325FA seguía pegado al suelo. Los ligeros Piper, de fabricación norteamericana, fabricados por la empresa Piper Aircraft, pequeños, de uso personal, no son para viajar con el peso máximo, pues ese día despegó el avión del popular cantante de música. El de Yeison era un avión viejo con más de 40 años de uso que compró hace unos años por un valor cercano a los mil millones de pesos, que se encontraba en las condiciones limitadas de un aeródromo complicado y aparentemente sin las condiciones administrativas adecuadas. Lea también: El exitoso contador boyacense que impulsó a Yeison Jiménez y se encarga de gravar las fortunas de otros artistas. El de Paipa es un aeródromo de gran elevación, con pista corta y márgenes mínimos, esa escena no es un detalle menor: es un aviso. Cuando un avión ocupa casi toda la pista para despegar, no es normal que continúe; Lo correcto es abortar. Ese gesto, sencillo y decisivo, pudo haber cambiado la historia del vuelo que terminó en tragedia el pasado sábado 10 de enero, cuando la avioneta propiedad del cantante Yeison Jiménez se estrelló luego de despegar del aeropuerto Juan José Rondón de Paipa. El capitán Juan José Navia, director de AeroBoyacá, conoce de cerca las irregularidades en el aeropuerto de Paipa y las ha denunciado reiteradamente. Durante años, el capitán Juan José Navia ha observado ese aeropuerto con una mezcla de preocupación y resignación. No habla desde la distancia ni desde la especulación: trabajó mucho tiempo allí, conoce cada procedimiento, cada metro de esa pista y también cada omisión. Como director del Servicio Aéreo de Boyacá, AeroBoyacá, ha denunciado reiteradamente irregularidades que, a su juicio, convierten al aeródromo de Paipa en un lugar donde la operación depende más de la habilidad y el conocimiento práctico del terreno que del rigor técnico que requiere la aviación. Paipa no es un aeropuerto cualquiera. Se encuentra a gran altura, con condiciones atmosféricas cambiantes y una pista que no perdona los errores. Allí cada kilo cuenta. Cada decisión importa. Por ello, insiste Navia, el operativo debe ser extremadamente riguroso. Antes de cualquier despegue debe haber documentos claros y revisados: plan de vuelo aprobado, manifiestos de peso y centrado, análisis meteorológico actualizado y soporte completo con el piloto. No son trámites: son la base de la seguridad aérea. Y en el Juan José Rondón, según el capitán Navia, escasean. Lea también: Los millonarios negocios en los que operaba Yeison Jiménez aparte de la música Navia sostiene que, de haber existido soporte técnico real en tierra, con personal certificado y conocimiento del medio, el vuelo se habría visto obligado a abortar. No por capricho, sino por seguridad. En Paipa, sin embargo, según sus quejas, no todos los aviones son pesados antes de despegar. No siempre se verifica cuántos pasajeros embarcan ni cuánto equipaje llevan. La báscula, herramienta básica del piloto para saber exactamente el peso total y determinar si está dentro de los límites permitidos, no se utiliza de forma sistemática. También existen dudas sobre quién acompaña las maniobras sobre el terreno. El señalero, persona encargada de dar indicaciones visuales durante el encendido y movimiento inicial de la aeronave, debe estar certificado y contar con elementos básicos de seguridad, como un extintor. Navia advierte que en Paipa hay casos en los que este acompañamiento lo realizan personas que no cumplen con los requisitos, lo que debilita aún más la cadena de control. Foto del accidente de la aeronave de Yeison Jiménez, en el que murieron el artista, cuatro personas de su equipo de trabajo y su piloto. Es cierto que el piloto es el responsable último de la operación, afirmó en entrevistas el experimentado piloto. Él es quien toma la decisión final de despegar o no. Pero en la aviación esa responsabilidad no es solitaria: se construye con información confiable y con controles previos que reducen el margen de error. Si los manifiestos de peso y centrado no existen, si nadie revisa los documentos, si no hay una autoridad que reciba y valide la información antes del vuelo, la responsabilidad pasa a la administración del aeropuerto. Un aeropuerto con historia, pero sin el mantenimiento adecuado Juan José Rondón tiene una larga y simbólica historia. Fue inaugurado el 1 de diciembre de 1956, durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, en momentos en que Paipa se consolidaba como destino turístico gracias a sus aguas termales y tierras frías. Lleva el nombre de Juan José Rondón, héroe de la Ciénaga de Vargas, y durante décadas fue puerta aérea a Boyacá. Por su pista pasaron aerolíneas regionales como TAXADER y Taxander Boyacá, y también fue escenario de accidentes que marcaron su trayectoria, uno de ellos, ocurrido en septiembre de 1981, dejó un trágico saldo de 21 personas. Después de años de altibajos, el aeropuerto vivió un intento de reactivación cuando reinició operaciones a mayor escala en junio de 2022. La reactivación trajo expectativas, pero también viejos problemas que, según Navia, nunca se corrigieron del todo. Desde hace algún tiempo se vienen denunciando fallos estructurales y administrativos, sin que se traduzcan en controles efectivos. La reciente tragedia en la que murió Yeison Jiménez y parte de su equipo de trabajo, incluido su piloto, volvió a poner el foco en estas advertencias. Para Navia lo sucedido no fue ni un hecho inevitable ni un golpe de suerte. Fue un accidente evitable. Un avión que no pudo acelerar como debía, una pista que se acabó, un intento de despegue que hubo que detener. La cadena de acontecimientos apunta, en su opinión, a una falta de control previo, a la ausencia de un control riguroso antes de autorizar la salida. Si la investigación oficial confirma que no hubo manifiestos de peso y centrado, ni autorizaciones previas, ni plan de vuelo debidamente aprobado, el problema dejará de ser individual y pasará a ser institucional. La responsabilidad recaería en la administración del aeropuerto, operado por la Aeronáutica Civil que encabeza Luis Martínez Chimenty, y abriría interrogantes más amplios sobre cómo se está gestionando la seguridad en aeródromos pequeños pero complejos como Paipa.



