Desde el primer edificio con ascensor hasta modernos rascacielos, estas construcciones cuentan la historia del crecimiento de Bogotá Bogotá es una ciudad que se ha construido mirando hacia arriba. Aunque hoy sólo cuenta con nueve rascacielos que superan los 150 metros, cada uno de ellos representa una época, una ambición y una forma diferente de entender el crecimiento de la capital. Detrás de esas estructuras que dominan el panorama actual hay historias de riesgo, innovación, tragedias y también de poder económico. Muchos de estos edificios no sólo batieron récords de altura en su momento, sino que también se convirtieron en símbolos de la transformación urbana. Desde los primeros intentos de “tocar el cielo” en el centro de la ciudad hasta los proyectos más ambiciosos del siglo XXI, Bogotá ha ido perfilando su perfil con hormigón, acero y sueños. Aquí, parte de la historia de cinco de los edificios más altos -y representativos- que jamás haya tenido la capital. Los misterios y hechos que marcaron la historia de los que han sido los 5 edificios más altos de Bogotá En la Avenida Calle 13 #17-75 se encuentra el edificio Manuel María Peraza, considerado por muchos como el primer rascacielos de Bogotá. Su historia se remonta a 1921, cuando su homónimo decidió emprender la titánica tarea de construirlo en una ciudad que aún no había imaginado estructuras de ese tipo. La obra avanzó lentamente, a medida que Peraza iba obteniendo recursos, y contó con el diseño del arquitecto De la Cruz y la construcción de Ángel María Rodríguez. Más que su altura, lo que lo hizo revolucionario fue su funcionalidad: funcionó como hotel de tránsito y fue el primer edificio de la ciudad en contar con ascensor, un lujo impensable para la época. Hoy es considerado un bien de interés cultural nacional y patrimonio de Bogotá, testigo silencioso de los primeros pasos hacia la modernidad. |Quizás te interese La fortuna que costó el inodoro de la NASA en Artemis II y que no ha logrado funcionar bien en la expedición Décadas después, la capital empezó a mirar hacia referencias internacionales. En los años 60 se inauguró el edificio del Banco de Bogotá, en la carrera 10 #14-33, una construcción que rompió esquemas no solo por sus 22 pisos, sino también por su fachada acristalada, algo completamente nuevo en el país. Era la señal de que Bogotá comenzaba a alinearse con las tendencias arquitectónicas del mundo. El crecimiento no se detuvo. La actual Sede Judicial Hernando Morales Molina surgió gracias a las gestiones de Martín del Corral para adquirir el terreno, y su desarrollo estuvo a cargo de la reconocida firma estadounidense Skidmore, Owings and Merrill (SOM), responsable de algunos de los edificios más emblemáticos del mundo. Su construcción reflejó una nueva etapa de institucionalidad y modernización de la ciudad. Edificio Avianca. Pero si hay un edificio que marcó un antes y un después fue el emblemático edificio de Avianca, ubicado en el Parque Santander. Diseñado por el arquitecto Germán Samper Gnecco, fue construido sobre los restos del antiguo Hotel Regina, destruido durante el Bogotazo de 1948. Con 37 pisos, fue considerado el primer rascacielos moderno del país e incluso uno de los más altos de Sudamérica en su momento. Su historia, sin embargo, también está marcada por la tragedia. En 1973, un devastador incendio que duró más de 12 horas dejó muertos y decenas de heridos, convirtiéndose en uno de los episodios más dramáticos de la historia de las infraestructuras de la ciudad. Aun así, el edificio se mantuvo en pie, consolidándose como un símbolo de resistencia. A esa lista se suma la Torre Colpatria, quizás el rascacielos más reconocible de Bogotá. Inaugurado en 1979 y diseñado por el arquitecto Julio Carrizosa, con sus 48 pisos y 196 metros de altura se convirtió en el edificio más alto de la ciudad durante 36 años. Su iluminación nocturna y su ubicación estratégica lo transformaron en un ícono indiscutible del horizonte capitalino. Ese reinado terminó con la llegada del BD Bacatá (Torre Sur), ubicado en la Calle 19. Este proyecto, diseñado por la firma Alonso & Balaguer e impulsado inicialmente por BD Promotores Colombia, representó una nueva era de desarrollo vertical, con una inversión cercana a los 66 millones de dólares. Aunque su construcción ha estado rodeada de retrasos y cambios de administración -hoy en manos de Total Co-, sigue siendo uno de los edificios más representativos de la nueva cara de Bogotá. Así, entre avances tecnológicos, tragedias inesperadas y ambiciosas apuestas arquitectónicas, estos cinco edificios cuentan la historia de una ciudad que nunca dejó de crecer. Cada uno, a su manera, refleja el momento en que Bogotá decidió mirar al cielo y comenzar a construir su identidad desde lo alto. Ver también: Navegación de publicaciones






