El soldado que cambió el bazuco por el bordado y terminó confeccionando una prestigiosa colección de ropa

El soldado que cambió el bazuco por el bordado y terminó confeccionando una prestigiosa colección de ropa

Su pasión por el dibujo junto con el deseo de dejar las drogas lo llevaron a formar parte del equipo que realizó la colección ‘Yo soy medicina’ para la Bienal BOG25. El soldado Yesid Beltrán solicitó una licencia de ocho días al batallón para poder acudir al velorio de su madre, quien acababa de fallecer a causa de un cáncer. La licencia le fue entregada sin ningún problema, pero Beltrán nunca volvió a cruzar la puerta de ingreso al cuartel. Se adentró en las calles del centro de Bogotá donde encontró un escape para sobrellevar la pérdida de la persona más importante de su vida, ya que su padre lo había abandonado cuando era un niño y su madre fue quien tuvo que cargar con la familia para criar a sus cuatro hijos. En ese momento, la calle aún no había seducido del todo a Yesid, por lo que vivía con su pareja con quien tenía dos hijos, mientras, a escondidas, la bazuca y la calle lo arrastraban poco a poco fuera de su hogar. La suerte de sus otros tres hermanos menores fue la misma. Ante la pérdida de su madre, el padre buscó a los cuatro hermanos y, seguramente movido por un sentimiento de remordimiento por los años de abandono y abandono, intentó convencer a sus hijos de que abandonaran la calle, pero como dice un escritor paisa: el cuchillo olvida la puñalada pero no la herida, y ninguno de los hermanos quiso prestar atención al hombre que los había dejado a la deriva cuando más lo necesitaban. | También te puede interesar: La macabra historia de la bruja de Fontibón, una de las asesinas más peligrosas del país Cada uno de los Beltrán aprendió a moverse en el riesgoso mundo de la vida en la calle, ganándose la vida como fuera, durmiendo donde los sorprendieran durante la noche, pero siempre con un ojo abierto, porque las liebres, como las llaman sus enemigos, nunca duermen. Yesid, cansado de caminar día y noche por las calles de Bogotá buscando su dosis diaria, meterse en problemas y extrañar a sus dos pequeños hijos, decidió buscar ayuda. Luego lo llevaron a una finca en Sasaima, donde estaría lejos de cualquier tentación de consumir y podría comenzar a recorrer los caminos de la sobriedad. Con el paso de los días, le dijo a uno de los maestros que extrañaba mucho a sus hijos. Entonces, el profesor se embarcó en la aventura de crear un perfil en Facebook para Yesid y ayudarlo a encontrar a la niña, su hija mayor. Le escribieron un mensaje y la joven respondió porque estaba enojada con su padre por haberlos abandonado. Yesid empezó a tener una conversación más recurrente con su hija, quien le contó que el niño, el hijo menor, había dado malos pasos, que había conocido las drogas y que por andar con gente del barrio que asaltaba supermercados lo habían detenido. Para Yesid esta noticia fue devastadora. Se sintió culpable por abandonar a sus hijos. El proceso de rehabilitación fracasó y volvió a la calle. Pero incluso cuando el vicio se apoderó de su voluntad, continuó luchando para liberarse de la rutina esclavizante del adicto. En medio de esa lucha se produjeron otros dos intentos de rehabilitarse, hasta que un día se encontró cara a cara con la muerte y supo que si no salía de la calle, ella misma iba a acabar con él. Como pudo, encontró un teléfono, llamó a su hija y le dijo que se iba a ir a la calle. Aunque la joven se mostró escéptica, Yesid ingresó con determinación a las casas de transición de la Secretaría de Integración Social. Allí vieron su reincidencia y sus ganas de dejar las drogas. Luego le enseñaron a bordar. Yesid recuerda su primer bordado, un Tasmania que no salió muy bien, pero que le recordaba su gran pasión por el dibujo, que había quedado sepultada por las frías noches entre cartones y sacos que le proporcionaban un precario refugio. Como todo es cuestión de práctica, Yesid terminó adquiriendo una gran habilidad en el manejo del hilo y la aguja, por lo que fue incluido como parte del proyecto “Yo soy medicina”, colección de ropa que estuvo a cargo de la fundación Amor Real en colaboración con la Secretaría de Integración Social para el importante evento cultural Bienal de Arte y Ciudad BOG25. La colección estuvo compuesta por medio centenar de prendas diseñadas por Diamantina Arcoíris, directora de la fundación Amor Real. Allí trabajaron veintidós vecinos y ex habitantes de calle que forman parte de la comunidad de ciudadanos en el proceso de rehabilitación de la Secretaría de Integración Social. Las prendas fueron presentadas en un desfile en el primer piso del Palacio San Francisco. Las modelos en la pasarela fueron las integrantes de la fundación Amor Real, quienes a cada paso que daban sobre la alfombra recibieron la ovación, el silbido y el apoyo del cálido público de la primera fila, la cual estuvo conformada por antiguos vecinos de la calle que vieron pasar con orgullo las prendas confeccionadas con sus propias manos. Desfile de la colección “Yo soy medicina” BOG 25 Bienal. Foto: Felipe Páez / Las2orillas Luego del evento se llevó a cabo un acto a puerta cerrada en el que cada uno de los participantes de la colección recibió una condecoración por el magnífico trabajo realizado. Para Yesid, el reconocimiento recibido fue un verdadero logro que celebró por todo lo alto entre los abrazos y aplausos de sus compañeros, quienes más que celebrar la entrega de un diploma y un kit de bordado, celebraron el esfuerzo y las batallas internas que cada uno tuvo que soportar para llegar a ese día. Yesid Beltrán recibiendo su condecoración por participar en la creación de la colección. Foto: Felipe Páez / Las2orillas Yesid está bastante feliz porque lleva cuatro meses sin consumir, aunque en sus ojos inyectados en sangre, en su voz pausada y en algunas cicatrices evidentes se puede ver el paso de los veintidós años que vivió en las calles de Bogotá. satisfacción de haber ganado un día más de su vida gracias a la drogadicción. También te puede interesar:

Fuente de la Noticia

Compartir en: