El ocaso del nevado Santa Isabel, el favorito de los turistas

El ocaso del nevado Santa Isabel, el favorito de los turistas

El Nevado Santa Isabel, símbolo del Eje Cafetero, está muriendo: de 27 km² de hielo, sólo quedan 0,16. Su deshielo ya cambió para siempre el paisaje andino. A 4.950 metros sobre el nivel del mar, entre los límites del Tolima, Caldas y Risaralda, sobrevive el gigante Nevado de Santa Isabel. Aunque durante décadas fue una de las postales más reconocidas del Eje Cafetero, hoy el paisaje blanco que alguna vez dominó la montaña se reduce a pequeños fragmentos de hielo que resisten entre piedra, ceniza y viento gélido. Los indígenas Quimbaya la llamaron Poleka Kasue, expresión traducida como “Doncella de la Montaña” o “Princesa de las Nieves”. Mucho antes de que llegaran montañeros, turistas o científicos, el nevado ya formaba parte de las rutas espirituales y territoriales de los pueblos originarios de la Cordillera Central. Santa Isabel forma parte del Parque Nacional Natural Los Nevados, declarado área protegida en 1974. Allí comparte territorio con el Nevado del Ruiz y el Nevado del Tolima, en medio de páramos, lagunas y frailejones que abastecen de agua a millones de personas en la región andina. Santa Isabel es considerado el nevado de menor dificultad en su ascenso. A diferencia de Ruiz, cuya silueta volcánica es más agresiva, Santa Isabel tiene una forma alargada y menos pronunciada. Sus tres cúpulas principales (norte, centro y sur) le dan una apariencia más plana, casi como una montaña apoyada en las nubes. Durante gran parte del siglo XX, llegar a la nieve fue relativamente fácil: algunos visitantes recuerdan que podían conducir hasta las zonas donde comenzaba el hielo. Hoy, la ruta requiere varias horas de caminata y el paisaje ya no es el mismo. Los registros del IDEAM muestran la velocidad con la que el glaciar se ha reducido. En el siglo XIX, el Santa Isabel contaba con unos 27 kilómetros cuadrados de hielo. En 2024 apenas conservaba 0,16 kilómetros cuadrados. Uno de sus sectores más estudiados, el glaciar Conejeras, desapareció oficialmente entre finales de 2023 y principios de 2024. Durante casi dos décadas, los científicos instalaron balizas, estaciones meteorológicas y equipos de seguimiento en la montaña. El Santa Isabel terminó convirtiéndose en uno de los glaciares tropicales más estudiados de Colombia. Allí se calculó por primera vez en el país el balance de masa del glaciar directamente sobre el hielo. Pero más allá de las cifras técnicas, la montaña nevada también se convirtió en una especie de reloj climático visible para miles de viajeros. En las redes sociales abundan las fotografías tomadas con años de diferencia que muestran cómo la nieve se alejaba de los senderos. Algunos montañeros describen el paisaje actual como “pedregales con algo de hielo”; Otros aún la consideran una de las caminatas más impresionantes del país por la sensación de atravesar páramos, lagunas y niebla hasta tocar lo que queda del glaciar. Desde Pereira, Manizales o Santa Rosa de Cabal, el Santa Isabel sigue apareciendo en algunas mañanas despejadas como una franja blanca en el horizonte. No siempre permanece visible: las nubes suelen cubrirlo antes del mediodía. Y aunque el hielo disminuye cada año, la montaña aún conserva algo de la imagen que durante generaciones convirtió a los nevados colombianos en símbolos del paisaje andino. Texto elaborado con inteligencia artificial, revisado y editado por un periodista. También te puede interesar: Navegación de publicaciones

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