En sólo seis meses del siglo XVII, miles de esclavos y otros trabajadores libres desviaron el 10% del río y abrieron 115 kilómetros de conexión con el puerto. El Canal del Dique nació como una solución urgente para que la colonia española conectara el interior del territorio con el Mar Caribe. En 1650, en apenas seis meses, una obra impulsada por la administración colonial logró desviar parte del caudal del río Magdalena hacia la Bahía de Cartagena, marcando un punto de inflexión en la historia económica del norte del país. La iniciativa tomó forma en 1649, cuando el gobernador Pedro Zapata de Mendoza solicitó al Cabildo de Cartagena la apertura de una vía fluvial estratégica. La ejecución quedó en manos del ingeniero Juan de Somovilla y Tejada, que ya trabajaba en las fortificaciones de la ciudad. Entre marzo y agosto de 1650 se realizó la excavación inicial del canal, intervención que modificó la geografía de la región. La obra logró desviar aproximadamente el 10% del caudal del río Magdalena hacia el oeste, conectándolo con una red natural de pantanos y caños que desembocaban en la Bahía de Cartagena. El Canal del Dique y su impacto en la conexión entre el Río Magdalena y Cartagena El proceso de construcción del Canal del Dique se caracterizó por el uso intensivo de mano de obra. En la excavación participaron miles de indígenas, esclavos, negros libres, jornaleros, prisioneros y hasta piratas, en condiciones precarias y bajo largas jornadas. No había maquinaria: el trabajo se realizó con herramientas manuales, en terrenos inundables y de difícil acceso. La importancia del canal fue principalmente estratégica y comercial. Cartagena, como puerto clave del imperio español en América, necesitaba una conexión más eficiente con el interior del virreinato. Hasta entonces, el transporte de mercancías dependía de rutas terrestres lentas y costosas. Con el canal se consolidó un eje de comunicación norte-sur que permitía transportar productos agrícolas, metales y mercancías al Caribe y, de allí, al comercio atlántico. El trabajo redujo los tiempos de viaje y facilitó la circulación de mercancías en una economía colonial en expansión. -Mapa del canal de la presa en la época colonial. Fuente: AguileRa (2006) en base a Cartografía y relaciones exteriores, tomo V, autor Antonio de ARébalo. La compleja operación del canal Sin embargo, desde sus primeros años, el Canal del Dique enfrentó dificultades. La sedimentación, el crecimiento de la vegetación y las variaciones en el caudal del río Magdalena afectaron su navegabilidad, generando constantes interrupciones en el tráfico fluvial. Durante el siglo XVIII, las autoridades coloniales intentaron mantener el canal operativo mediante intervenciones técnicas. Se construyeron inclusivos, diques y sistemas de contención para controlar el flujo de agua, aunque los resultados fueron irregulares. A estas dificultades naturales se sumaron los conflictos económicos. Sectores como arrieros y comerciantes de tierras promovieron bloqueos intencionales del canal, utilizando troncos y vegetación para impedir la navegación y mantener altos los precios en Cartagena. Dos siglos de cambios en la Represa A pesar de estos obstáculos, el Canal del Dique siguió siendo una infraestructura clave. Su existencia permitió mantener la conexión entre el interior y la costa, aunque de forma intermitente. En el siglo XIX, tras la independencia, el canal volvió a ser objeto de nuevos proyectos. En 1845, el ingeniero estadounidense GM Totten, junto con Casimiro Durán, iniciaron trabajos de excavación para mejorar su trazado. Posteriormente, en 1867, se otorgó una concesión a la Compañía de Vapores del Dique de Cartagena, que buscaba garantizar la navegación comercial. Durante el siglo XX las intervenciones se intensificaron. En 1930 se dragaron 10,8 millones de metros cúbicos de sedimentos en un tramo de 88 kilómetros, mientras que en 1952 nuevas obras ampliaron el canal hasta alcanzar los 114,5 kilómetros de longitud. En 1984, otra intervención duplicó su caudal y redujo sus curvas a 50. Los cambios para acercar el Canal del Dique al siglo XXI Estos procesos reflejan una constante: la necesidad de adaptar una obra colonial a las exigencias de cada época. Desde su origen en 1650, el Canal del Dique ha sido intervenido continuamente para mantener su funcionalidad. Sin embargo, en 2010 un nuevo episodio marcó su historia. El desbordamiento del canal durante el fenómeno de La Niña inundó 30 mil hectáreas y afectó a cerca de 170 mil personas, evidenciando los riesgos acumulados tras siglos de modificaciones. Esta situación fue un llamado de atención para las autoridades nacionales y locales, que en los últimos 15 años han asegurado que el canal siga siendo un eje clave de navegación en el Caribe colombiano. En los últimos meses, gracias a un proyecto liderado por la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) y adjudicado a Ecosistemas del Dique, se han removido más de 2,5 millones de metros cúbicos de sedimentos y se mantienen más de 120 kilómetros de diques activos, en una operación continua que permite el tránsito de más de 3.500 embarcaciones de mayor porte al año. En contexto: Canal del Dique: Gobierno del Atlántico participa en socialización del proyecto Así lo confirmó en marzo un recorrido guiado por la obra en el que participaron la gobernadora de Sucre, Lucy García; de Bolívar, Juliana Solano (encargada); del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, y el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, en el que se confirmó el estado de las obras en sectores como Calamar, Gambote y Pasacaballos, corredor que se mantiene estratégico para el transporte y la economía de la región. El proyecto actual no se centra únicamente en la navegabilidad. Se trata del primer megaproyecto de restauración ambiental a gran escala en Colombia, con intervenciones que abarcan 435 mil hectáreas entre áreas continentales y marinas. Las obras previstas incluyen dos complejos de esclusas en Calamar y Puerto Badel, diseñados para regular el caudal, controlar la intrusión salina y reducir la entrada de sedimentos a la Bahía de Cartagena. Paralelamente a las obras, se han prestado más de 300 servicios comunitarios y se han dispuesto ambulancias fluviales para atender emergencias, ampliando la cobertura institucional en las localidades ribereñas. El Estudio de Impacto Ambiental, requisito clave para avanzar en las grandes fases del proyecto, registra un 41% de avance, con información relevada en el 67% del área intervenida. Estos datos marcan el ritmo de una obra que busca beneficiar a cerca de 1,5 millones de habitantes en 19 municipios. El Canal del Dique entra así en una nueva etapa. Una infraestructura nacida en 1650 continúa siendo intervenida casi cuatro siglos después, ahora bajo un modelo que combina ingeniería, restauración ambiental y decisiones de política pública que definirán su futuro. Navegación de publicaciones





