Estuvo siempre acompañado de su inseparable clarinete, vestido con traje de paño y sombrero. Así recuerdan muchos al maestro Lucho Bermúdez, a quien algunos consideran el padre musical del Caribe colombiano, de Bolívar y otros, simplemente, un referente imposible de igualar. Luis Eduardo Bermúdez fue un hombre que, aunque nació en Bolívar, terminó cantándole a todo un país: Barranquilla, Cartagena, Medellín y Bogotá se hicieron eco de su música, que también dejó huella en Argentina, Cuba y México. Ese amor por la música nació en El Carmen de Bolívar, donde su infancia estuvo marcada por la curiosidad y la necesidad de crear sonidos con cualquier objeto. Su abuela materna, Concepción Montes, fue quien sostuvo esa pasión durante sus primeros años. Mientras su madre intentaba mantenerlo alejado del mundo musical, Lucho encontró refugio en la casa de su vecina Ana Matilde Fuentes, donde alimentó el sueño que luego lo convertiría en una leyenda. Su talento no pasó desapercibido. Su tío José María Montes fue quien dio el primer paso regalándole un flautín e integrándolo a la banda del pueblo. Allí comenzaron sus primeros ensayos, allí cometió sus primeros errores y también tuvo sus primeras certezas. Con el tiempo, el joven Bermúdez aprendió a tocar el trombón, la tuba y, por supuesto, el clarinete, instrumento que lo acompañaría hasta el final de sus días. Su disciplina lo llevó a incorporarse a la Banda Militar del Batallón Córdoba en Santa Marta, paso clave en su formación. Luego llegó a Cartagena, donde estudió en la academia de Guillermo Rico, músico formado en París. Allí pulió sus conocimientos en armonía, composición y arreglos, inspirándose en figuras internacionales como Benny Goodman, a quien consideraba un maestro a la distancia. En su tierra natal también encontró el amor. Se casó con su prima Leda Rosa Montes Díaz y, con apenas 22 años, puso rumbo a Cartagena, donde nació su primer hijo. La ciudad amurallada sería el escenario de su despegue. El feliz encuentro con Discos Fuentes en Cartagena Cartagena no sólo le abrió puertas, también despertó su creatividad. Su esposa recordaría años después cómo Lucho se levantaba de madrugada para escribir melodías que le llegaban como ráfagas de inspiración. Fue en ese ambiente donde su camino se cruzó con la familia Fuentes, fundadores de Discos Fuentes, uno de los pilares de la industria musical del país. En el edificio de la calle Universidad, donde los músicos grababan y daban conciertos improvisados, Bermúdez encontró su lugar. Allí dirigió la Orquesta A Número 1, que poco a poco fue ganando reconocimiento en los festivales del Caribe. Ese espacio se convirtió en un epicentro cultural que impulsó múltiples artistas y géneros. Sin embargo, el camino no fue lineal. La orquesta no pudo sostenerse por falta de contratos, pero Bermúdez no se detuvo. En la década de 1940 creó la Orquesta LB, con la que llegó en 1943 al Club Metropolitan de Bogotá. Aunque en un principio la alta sociedad vio con recelo su propuesta musical, el tiempo acabaría dándole la razón. |Le puede interesar Este santandereano pasó de lustrar zapatos a ser un duro relojero en Suiza al que De la Espriella contrató para su campaña. Fue también en ese escenario donde apareció Matilde Díaz, quien se convertiría en su gran amor y una de las voces más representativas de su orquesta. Juntos viajaron a Buenos Aires, donde consolidaron su carrera internacional y realizaron cerca de 50 grabaciones en menos de un año. Su talento fue tan reconocido que músicos como Eugenio Nóbile y Eduardo Armani pusieron sus orquestas a su disposición. De vuelta en Colombia, el crecimiento fue imparable. Se sumaron nuevas figuras, grabaron con sellos como Sonolux y continuaron su relación con Discos Fuentes. En 1948 llegaron a Medellín para presentarse en el Hotel Nutibara, donde permanecieron por más de una década, alcanzando uno de los puntos más altos de su carrera. Cuba y México, los países que conquistó el porro de Lucho Bermúdez La música de Lucho Bermúdez ya había conquistado buena parte de Latinoamérica cuando llegó a La Habana. Allí dirigió la orquesta de Bebo Valdés y actuó en el icónico Cabaret Tropicana. En ese escenario, símbolo de la música cubana, vivió uno de los momentos más memorables de su carrera. Incluso la legendaria Celia Cruz se acercó a saludarlo y expresarle su admiración. Luego vino México, un mercado más cerrado y exigente que tampoco resistió. Allí grabó cerca de 60 canciones, consolidando su presencia internacional y demostrando que su música trascendía fronteras. El amor vuelve a tocar las puertas. Mientras tanto, en Colombia su legado también se fortaleció. Fue protagonista de los Carnavales de Barranquilla, donde su música se convirtió en sinónimo de celebración y tradición. Allí nació “Joselito Carnaval”, una de sus composiciones más emblemáticas. Pero no todo fue gloria. La vida personal de Bermúdez también tuvo momentos difíciles. Su relación con Matilde Díaz terminó en medio de polémica, lo que representó un profundo golpe emocional. Aun así, nunca dejó de crear, tocar y dirigir. Elba Gallo con Lucho Bermúdez Pero no todo fue gloria. La vida personal de Bermúdez también tuvo momentos difíciles. Su relación con Matilde Díaz terminó en medio de polémica, lo que representó un profundo golpe emocional. Aun así, nunca dejó de crear, tocar y dirigir. En sus últimos años, el amor volvió a tocar a su puerta con Elba Gallo, una mujer mucho más joven que él, con quien compartió el ocaso pese a las críticas. Con el tiempo, su salud empezó a pasar factura. Perdió la vista, pero el oído, su herramienta más preciada, permaneció intacto. Su última aparición pública fue en 1993 en Miami, donde fue homenajeado y, fiel a su esencia, tomó el clarinete durante media hora, como si no hubiera pasado el tiempo. De regreso a Colombia, vivió sus últimos meses rodeado de su familia. Finalmente, el 23 de abril de 1994, una arteriosclerosis generalizada acabó con su vida. Así fue silenciado uno de los clarinetes más prodigiosos que ha tenido el país, pero su música, la que nació en un pequeño pueblo de Bolívar, sigue sonando como si nunca se hubiera ido. Ver también: Navegación de publicaciones



