Transportaba paquetes, era mesero, vendía hot dogs en la calle mientras perseguía el sueño de convertirse en emisora de radio, oportunidad que comenzó sin paga en Radio Súper. Del carrito de comida rápida salió humo a medida que avanzaba la noche en Ibagué. Carlos Alberto Morales dispuso panes, embutidos y salsas para atender a los últimos clientes del día. Todavía no tenía cabina de transmisión ni micrófono profesional. Tampoco se imaginaba que algún día millones de colombianos escucharían su voz durante los partidos de la Selección Colombia. Sin embargo, mientras buscaba completar las ventas del día, ya perseguía una meta que parecía lejana. El sueño de convertirse en locutor de fútbol corría paralelo a los trabajos que asumió cuando era adolescente para ayudar económicamente a su familia. Años más tarde, popularizaría la frase en sus acaloradas narraciones: “las emociones empiezan en el camino a la red”. En ese momento las emociones eran otras, aunque ya tenía claro el camino hacia la meta: terminar la escuela, aportar dinero al hogar y encontrar una oportunidad que lo acercara a la radio. Entre velas, recados y hot dogs La separación de sus padres cambió la realidad económica de la familia. Morales empezó a trabajar cuando era muy joven. Vendía velas durante las fiestas navideñas, hacía recados y encontraba diversas formas de generar ingresos. Mucho antes de marcar goles, su rutina consistía en recorrer las calles y cumplir órdenes. También llevó comida a un zapatero que tenía dificultades para desplazarse. Por estos recados recibía pequeñas sumas de dinero que contribuían a los gastos diarios. Posteriormente trabajó vendiendo hot dogs, trabajo que compaginaba con sus estudios. Cada día terminaba con unas monedas más en el bolsillo y con la misma convicción que lo acompañaba desde la adolescencia: ser narrador de fútbol en la televisión colombiana. Lea también: La empresa caleña que estuvo en la primera victoria de Colombia en el Mundial 2026 y en el triplete de Messi El día que decretó su futuro el 5 de septiembre de 1993 marcó un antes y un después. Colombia derrotó 5-0 a Argentina en Buenos Aires y firmó una de las páginas más memorables de su corta historia de triunfos. Morales tenía 16 años. Como en su casa no había televisión, siguió el partido desde una cancha de tejo situada frente a su domicilio. Entonces aparecieron en pantalla William Vinasco y Adolfo Pérez. Al verlos pronunció una frase que acabaría convirtiéndose en una especie de profecía personal: “Algún día voy a estar allí”. En ese momento todavía quedaban años de esfuerzo, pero el joven ya parecía decirse una expresión que luego se haría famosa en las transmisiones de la selección: «¡Me juego todo por ti, Colombia!». Sólo en ese momento la apuesta fue personal. Estaba apostando por un sueño. Cuando descubrió que tenía voz para contar Antes de llegar a la radio, también trabajó como utilero en eventos musicales, lavó platos, preparó comida, atendió mesas y cargó paquetes de harina a modo de camilla. La oportunidad de descubrir su talento apareció durante el servicio militar. Un día encontró un sistema de sonido disponible y comenzó a improvisar un juego. La reacción sorprendió incluso a sus superiores. El coronel y varios capitanes quedaron tan impresionados que decidieron dejarlo ser el narrador de los eventos deportivos en lugar de presentarlo como jugador. Mientras otros buscaban un lugar en la cancha, Morales empezó a encontrar el suyo detrás del micrófono. Mucho más tarde popularizaría la frase «Es historia» para cerrar los juegos. En retrospectiva, aquel día en el servicio militar también acabó siendo una anécdota del pasado: fue el momento en que descubrió que podía convertir un hobby en una profesión. El largo camino hacia los medios Tras finalizar el servicio militar, continuó ejerciendo diferentes oficios. Fue camarero, altavoz -comenzando a utilizar el talento con el que nació para gritar goles- y siguió buscando oportunidades laborales mientras insistía en hacerse un espacio en la comunicación. Su ingreso a Radio Súper se produjo sin salario fijo. Allí aprendió, desde cero, cómo funciona una emisora de radio. Posteriormente se trasladó a Ecos del Combeima, donde compaginó la radio con otros trabajos para mantener a su familia. Fue durante esa etapa cuando recibió un consejo que resultaría decisivo. Álvaro Ariza Cortázar recomendó grabarse narrando partidos, bajar el volumen del televisor y practicar constantemente. Morales convirtió esa sugerencia en una rutina. Horas y horas de grabaciones moldearon la voz que años después se escucharía en transmisiones nacionales. De Ibagué a los Mundiales Su llegada a la radio nacional fue un proceso paulatino. En Caracol Radio encontró el primer gran espacio para consolidar su estilo, participando en programas como El Carrusel Deportivo y El Pulso del Fútbol. Allí todavía no era la voz principal, pero sí un narrador en formación dentro de un ambiente exigente, donde cada transmisión sumaba experiencia. De hecho, la paciencia y el esfuerzo abrieron la puerta a un salto mayor. En 2007, tras superar una audición, se incorporó a Caracol Televisión. Así se produjo la transición a las grandes retransmisiones de fútbol en pantalla. Fue el paso definitivo hacia eventos más grandes. En 2019 cuando llegó el punto de quiebre: tras la salida de Javier Fernández Franco, asumió la narración principal de la Selección Colombia en Gol Caracol. Desde entonces, su voz estuvo al frente de las grandes competencias Tricolor. Ha participado en la cobertura de Mundiales y ha acompañado a la Selección en partidos de Eliminatorias, amistosos y torneos internacionales. Antes de los estadios llenos, los vuelos internacionales y las transmisiones del Mundial, estaba el joven que vendía hot dogs, cargaba paquetes y hacía mandados en Ibagué. Por eso cuando hoy exclama «¡Lo tienes claro, Colombia!» También evoca una historia de superación personal construida durante décadas. ¡Meta! También puedes leer: Los miles de millones que se moverán durante el Mundial de Bogotá Navegación de publicaciones



