Carlos Rodríguez habría matado y arrojado a Ana Meza desde su departamento en Usaquén, intentó hacerlo pasar por suicidio y quedó libre por 4 meses. Ya no es libre. A las 12:30 de la mañana del domingo 25 de enero, las cámaras de seguridad del conjunto residencial La Calleja, en Usaquén, registraron el momento en que el cuerpo de Ana María Meza cayó del quinto piso. Tenía 36 años. Nadie salió. Todos en el edificio todavía dormían. No fue hasta las diez de la mañana cuando una vecina abrió la puerta de su departamento, bajó al patio y la encontró tirada en el suelo. Carlos Mario Rodríguez Rosas, gerente corporativo del Banco de Bogotá y socio de Ana María, dijo que estaba durmiendo cuando sucedió todo. También dijo que no escuchó nada. Que tal vez se cayó, o tal vez se tiró mientras él dormía. Las versiones variaron. Lo que sí notaron quienes estuvieron en el lugar durante el levantamiento del cuerpo fueron los rasguños en el rostro de Rodríguez Rosas, y lo que parecía un intento de cubrirlos con maquillaje. | Lea también: Así cayó el bandido venezolano más peligroso de Bogotá y líder de “Los Maracuchos”, considerado una máquina del crimen Esa noche había comenzado en una reunión social. La pareja asistió con otras personas y luego se trasladó a su apartamento. En un momento de la mañana estaban solos. Según la reconstrucción de la Fiscalía, hubo una discusión, y en medio de esa discusión el hombre agredió a Ana María tapándole la boca y la nariz hasta dejarla inconsciente. En ese estado abusó sexualmente de ella. Luego arrojó su cuerpo por la ventana e intentó alterar la escena para que pareciera un suicidio. Medicina Legal determinó que la muerte fue violenta. Rodríguez Rosas permaneció en libertad durante cuatro meses. No fue capturado hasta el 23 de mayo, tras un cambio de fiscal del caso. Cuatro meses en los que siguió dando versiones: el accidente, el suicidio, el sueño profundo que no le permitía oír nada. El 27 de mayo la Fiscalía lo imputó por feminicidio agravado y agresión sexual violenta. Se declaró inocente. Su defensa, en la audiencia, no sólo cuestionó la prueba técnica sino también la vida privada y la sexualidad de la víctima, tratando de presentar su muerte como algo que ella misma buscó o provocó. El juez de control de garantías rechazó esa hipótesis, negó la libertad y ordenó prisión preventiva mientras avanza el juicio. | Lea también: La líder comunista asesinada por contradecir la lucha armada de la guerrilla Ana María Meza era politóloga, egresada de la Universidad del Rosario. Recientemente había realizado un máster en Administración de Empresas en España. Trabajó como maquilladora de caracterizaciones para cine y televisión. Sus amigos hablaban de ella como una mujer dulce y talentosa, con toda la vida por delante. Tras el fallecimiento, el Banco de Bogotá publicó un comunicado tras la captura de su gerente. Aclaró que el caso no tenía relación con el banco, que no tenía relación con las funciones de la empleada y que la institución rechazaba categóricamente cualquier forma de violencia contra las mujeres. Dicho esto, dejó el asunto. Personas cercanas a Ana María dijeron que Rodríguez Rosas tenía conductas machistas, que ejercía violencia psicológica sobre ella sistemáticamente y que la inducía a situaciones de vulnerabilidad. La Fiscalía enmarcó el caso como un feminicidio ocurrido en un contexto de violencia de género. Lo que existe como evidencia concreta es esto: una cámara de seguridad grabando, un cuerpo encontrado horas después de la caída, un hombre con rasguños en el rostro que intentó taparlos y cuatro meses de versiones contradictorias antes de la captura. El proceso penal apenas comienza. Navegación de publicaciones





