Con una receta natural aprendida por videollamada, 200 mil pesos que le prestó su madre, Juan Camilo produce 200.000 unidades mensuales en 21 regiones del país. Juan Camilo, desde que tiene memoria, ha tenido un espíritu emprendedor y soñador, pensando siempre en grande. Durante la pandemia de 2020, ofreció arepas en su casa de Cali, hasta que un golpe de suerte cambió el rumbo del negocio para siempre. Un día, uno de sus colaboradores le pidió permiso para hacer yogur. El resultado fue un producto cargado de azúcar, conservantes y leche en polvo. El sabor era tan desagradable que Juan les pidió que lo volvieran a hacer, pero esta vez con ingredientes 100% naturales. “Luego hicimos un yogurt con frutos amarillos, piña y maracuyá. Tenía leche real, recién ordeñada; fruta en el fondo y stevia como endulzante natural, en un recipiente de vidrio”, recordó. La receta gustó, pero tiempo después el colaborador dimitió. Entonces Juan tuvo que aprender a hacer yogur directamente. «A mí me enseñó la persona que enseñó a mi colaboradora. Aprendí por videollamada. Ella no pudo verme personalmente porque estaba de baja por maternidad», afirmó. El apoyo a este proyecto provino de su familia. “Mi mamá me prestó 200.000 pesos para empezar a hacer yogurt en Cali y hoy llegamos a 21 regiones de Colombia, incluida Bogotá”, afirmó. Y aunque se dice que es fácil, el proceso fue lento. «Empecé a repartir puerta a puerta en un coche pequeño. A veces cargábamos demasiado. Llegamos a 1.500 unidades semanales», recuerda. Muchas veces salió a las calles y semáforos a regalar botellas de yogurt con la intención de que la gente conociera el sabor. Y no porque haya dudado ni un solo momento: Juan está convencido de su creación, como dice uno de sus once camiones repartidores, donde se lee en letras negras en la carrocería: “Den permiso, porque aquí va el mejor yogur de Colombia”. El secreto del producto, según Juan, es que mantiene procesos artesanales que respetan las propiedades naturales, además de ser apto para personas intolerantes a la lactosa. El sueño: una planta productora de yogurt La proyección de Juan no se detiene. Aunque actualmente produce 200.000 unidades mensuales, busca construir su propia planta de producción de yogur. «La planta básica puede costar entre 2.500 y 3.800 millones de pesos. Es un proyecto bastante costoso, pero me permitirá hacer crecer la empresa, generar más empleo y llegar a una producción de 15.000 litros diarios», explicó. Por otro lado, Juan destaca el enfoque social y humano de su iniciativa. Actualmente compra insumos directamente a los productores de leche y frutas de las zonas rurales. “Al principio iba a comprar la fruta en los mercados de Alameda y Santa Elena, en Cali. Nosotros mismos picamos la piña, separamos las fresas y seleccionamos las moras. Con los volúmenes de hoy contratamos una empresa experta que compra, siguiendo instrucciones nuestras, directamente a los agricultores y a buen precio. Son cuatro toneladas de fruta por semana”, dijo. El deseo de Juan Camilo es eliminar intermediarios del negocio. «El campo colombiano está quebrado por culpa de los intermediarios. Pagan muy mal. Hay que mirar al campo porque vamos a tener una crisis alimentaria en el futuro. A los agricultores les corresponde vender la leche al precio que les dan para no perder», subrayó. Con solo 40 años, este administrador de empresas con posgrado en Marketing Estratégico y Gestión de Ventas de la Universidad de los Andes siente que está en su mejor momento empresarial. De momento, reconoce que seguirá durmiendo apenas cinco horas diarias, concentrado en su objetivo, mientras mantiene vivo su mayor deseo: ser padre, un sueño que ha pospuesto debido al intenso ritmo de trabajo. También te puede interesar:





