La cadena Four Seasons lo recibió tras una restauración que conservó la arquitectura exterior. La inversión fue de 400 mil millones de dólares y tres años de trabajo. A pasos del Centro de Convenciones de Cartagena y frente a la Torre del Reloj, en una de las zonas más concurridas del centro histórico, ya abrió sus puertas uno de los desarrollos hoteleros más ambiciosos que ha visto Colombia en las últimas décadas. Detrás del proyecto está la familia Santo Domingo, que decidió concentrar en este punto una inversión de más de 380 mil millones de pesos para construir un complejo que redefina la oferta de lujo en la ciudad. El hotel, que abrirá oficialmente sus plataformas de reservas el próximo 15 de mayo, llega con una promesa clara: posicionar a Cartagena en el circuito global del turismo de alto nivel. Las tarifas reflejan esto desde el principio. La habitación más sencilla parte de los dos millones de pesos por noche, cifra que no sólo marca un estándar, sino que delimita el perfil de los huéspedes a los que se dirige. | Lea también: Los 4 hoteles colombianos que brillan en prestigiosa guía internacional ¿Dónde están? El complejo cuenta con 132 habitaciones y 16 unidades estilo apartamento, diseñadas para estancias más largas o para quienes buscan combinar hospitalidad con residencia. A esto se suman siete restaurantes, espacios para eventos, terrazas, piscinas con vista al mar y a la ciudad amurallada, y un spa diseñado para operar bajo estándares internacionales. Todo responde a una lógica de servicio integral, donde cada detalle está pensado para un público exigente. La operación estará en manos de Four Seasons Hotels and Resorts, una de las marcas más reconocidas a nivel mundial en hotelería de lujo. Su llegada no es menor: implica la incorporación de Cartagena a una red global de destinos donde el servicio, la privacidad y la personalización son la base de la experiencia. La cadena, que ya tiene presencia en Bogotá, amplía así su apuesta en el país con un proyecto de mayor escala y complejidad. Más allá de sus cifras, el proyecto se distingue por la forma en la que fue concebido. No se trata de un hotel construido desde cero, sino de una intervención sobre un conjunto de edificios históricos que abarcan varios siglos. La familia Santo Domingo decidió integrar propiedades emblemáticas del centro histórico en una sola promoción, restaurándolas con un nivel de detalle que requería un trabajo especializado. Crisol arquitectónico en Cartagena El corazón del complejo es el antiguo Club Cartagena, inaugurado en 1925. Este edificio, diseñado por el arquitecto francés Gastón Lelarge, se convierte ahora en la entrada principal del hotel. Su restauración fue minuciosa: se conservaron techos, escaleras, columnas y elementos ornamentales originales, muchos de los cuales tuvieron que ser reconstruidos a mano para mantener su valor patrimonial. | Lea también: Duelo de titanes en la hotelería de alta y media gama en Colombia A este núcleo se suman otras estructuras como el Claustro de San Francisco y varios edificios coloniales que han sido recuperados e integrados al complejo. El resultado es un hotel que no sólo ofrece alojamiento, sino que articula diferentes momentos de la historia arquitectónica de Cartagena en un mismo recorrido. El diseño interior corrió a cargo de firmas internacionales con amplia experiencia en hostelería de lujo. La dirección creativa se centró en lograr espacios sobrios, funcionales y coherentes con el entorno histórico, evitando excesos y privilegiando materiales, proporciones y acabados que dialogaran con la arquitectura original. La experiencia del huésped se construye a partir de esa coherencia: cada espacio responde a una idea de continuidad entre pasado y presente. El componente gastronómico también juega un papel central. Los siete restaurantes del hotel fueron concebidos como propuestas diferenciadas, tanto en concepto como en ambiente, con el objetivo de atraer no sólo a los huéspedes, sino también al público local e internacional. La oferta busca posicionarse como un referente dentro de la ciudad, en línea con la tendencia mundial de hoteles de lujo que funcionan como centros de experiencias más allá del alojamiento. Mejoras para la ciudad El desarrollo también incluyó una intervención urbana en el entorno inmediato. Se realizaron mejoras en las redes de alcantarillado, adecuaciones viales y ampliación de espacios peatonales. Estas obras, realizadas en coordinación con las autoridades locales, tienen como objetivo solucionar problemas históricos del sector como las inundaciones, y mejorar la movilidad en una de las zonas más transitadas del centro. | Lea también: Un magnate hotelero colombiano se arriesga a una millonaria remodelación del Hotel Tequendama Para la familia Santo Domingo, el proyecto no representa una incursión aislada. Su relación con el Caribe colombiano es de larga data, y Cartagena ha sido un punto central de su presencia en la región durante años. Este hotel forma parte de esa historia, pero a otra escala: la de una apuesta que combina patrimonio, inversión y posicionamiento internacional. La inauguración marca un momento clave para la ciudad. Cartagena, que ya es uno de los destinos turísticos más importantes del país, busca consolidarse como un referente en el segmento premium. La llegada de una operación de este nivel no sólo amplía su oferta, sino que también aumenta la competencia y redefine las expectativas del mercado. Navegación de publicaciones





