Merqueo pasó de ser la app estrella del mercado durante la pandemia a cerrar definitivamente tras intentos fallidos de expansión, deudas crecientes y falta de inversión. Tres emprendedores –que acababan de domar la caótica logística de los hogares urbanos con su plataforma Domicilios.co– pensaron que un supermercado en línea podría resolver la vida de quienes vivían atrapados entre el trabajo, el tráfico y el cansancio del final del día. Miguel McAllister, José Calderón y Pablo González ya habían probado cómo se movía la ciudad cuando necesitaba algo rápido. Ahora querían algo más ambicioso: llevar todo el mercado a la puerta de casa sin que nadie tuviera que empujar un carrito en un almacén. Lea también: La Luna del Río: así se tejió el contrato millonario que traerá una noria gigante al Malecón de Barranquilla Cuando apareció Merqueo en 2015, el país aún desconfiaba de la idea de comprar frutas y verduras desde una pantalla. Pero ellos insistieron. Montaron sus propias bodegas, reclutaron flotas, refinaron algoritmos y convencieron a miles de personas de que el mundo podía funcionar sin líneas y así comenzaron a crecer lentamente. Luego llegó la pandemia, ese momento donde el confinamiento convirtió lo que era comodidad en necesidad. Merqueo pasó de ser una alternativa moderna a convertirse en una especie de salvavidas cotidiano. Mientras las calles se vaciaban, sus operaciones crecieron hasta ocupar el Movistar Arena para repartir los pedidos que llegaban de 22 ciudades. Era la época del vértigo. Capital de inversión en grandes rondas, expansión a México y Brasil, nuevos centros logísticos, decenas de miles de pedidos diarios. De repente, la promesa del supermercado digital parecía no tener techo. Fue la startup colombiana que mejor entendió el ritmo de un país obligado a quedarse quieto. La gente abrió la aplicación más veces de las que abrieron el frigorífico. Todo parecía alinearse. La pandemia, que tanto daño causó en el mundo y que en Colombia dejó más de 140 mil muertos, supuso un impulso tan excepcional como irrepetible para esta empresa. Cuando el mundo volvió a caminar y los supermercados retomaron sus pasillos llenos, el uso de aplicaciones comenzó a caer. No de golpe, sino poco a poco, como cuando una fiesta se apaga sin que nadie se dé cuenta. Merqueo todavía tenía nombre, reconocimiento, flota, almacenes. Lo que ya no tenía era el mismo volumen de usuarios dispuestos a depender de una pantalla para sus compras semanales. El crecimiento acelerado había dejado cicatrices en la contabilidad. En 2022, la empresa todavía no podía ser rentable ni alcanzar el punto de equilibrio. Los gastos de logística superaron las ventas. Se exploró la idea de ingresar al mercado de valores estadounidense, pero el entorno financiero era adverso. Falabella estuvo interesada en el proyecto por un tiempo, pero el interés nunca se convirtió en una oferta real. Las puertas se cerraron tan rápido como se habían abierto antes. En 2023 llegó el síntoma inevitable: Merqueo aprovechó la cifra de recuperación empresarial. Tenía deudas superiores a los 25.000 millones de pesos y compromisos en tres países. Mientras renegociaba obligaciones laborales, fiscales y parafiscales, uno de sus fundadores, McAllister, se retiró de la dirección y dejó a Felipe Ossa a cargo de la tarea más difícil: reconstruir la empresa desde sus ruinas más silenciosas. Fue sorprendente salir del proceso en menos de tres meses. Se hicieron acuerdos privados con acreedores y la propiedad de varias marcas pasó a manos de Plan B Investments, la firma que administraba, aunque Merqueo mantuvo por un tiempo el derecho a explotarlas. Fue un alivio momentáneo, una señal de que el proyecto aún podría sostenerse si encontraba el modelo adecuado. Este modelo lo intentaron en 2024, cuando optaron por un híbrido que buscaba unir la inmediatez de las tiendas de conveniencia con la comodidad del canal digital. Abrieron cinco puntos físicos en el noreste de Bogotá, diseñados para atender compras rápidas y ofrecer comida lista para llevar. Querían hacer lo que Oxxo y 7-Eleven hicieron en otros países, pero con un sello local. Era un movimiento que parecía sensato: si la gente volvía a las calles, Merqueo debería volver también. El problema era el medio ambiente. Alta inflación, tasas de interés que frenaron las inversiones, un mercado que exigía márgenes imposibles y un ecosistema de capital riesgo cada vez más reducido en América Latina. Las nuevas tiendas no lograron despegar. La operación digital tampoco fue la que fue durante la pandemia. Cada mes era más difícil financiar lo urgente y sostener lo importante. A mediados de 2025, Merqueo ya no tenía margen para otra reinvención. El 14 de julio la aplicación dejó de funcionar. El sitio web también. Las tiendas quedaron desocupadas. No hubo un comunicado extenso, sólo el silencio práctico de una empresa que entiende que el final no necesita demasiadas explicaciones.





