Los 12 helicópteros que EE.UU. le regaló a Colombia y que Petro no calificó de chatarras por haberlos recibido él

Los 12 helicópteros que EE.UU. le regaló a Colombia y que Petro no calificó de chatarras por haberlos recibido él

El presidente recibió con honores el Black Hawk a 15 días de su toma de posesión, pero sí criticó que el Hércules que se estrelló contra los militares había sido un regalo gringo. El gobierno de Gustavo Petro debutó con una donación de Estados Unidos que fue recibida con entusiasmo: una flota de 12 helicópteros Black Hawk fabricados en los años 1980 que ya habían cumplido su ciclo dentro de las Fuerzas Militares norteamericanas. Ese regalo fue presentado como un sólido ejemplo de cooperación entre ambos países. Era la época en la que Estados Unidos estaba dirigido por el demócrata Joe Biden. Los helicópteros fueron presentados como una herramienta concreta para enfrentar uno de los problemas más urgentes del país: la deforestación en la Amazonia. La reacción del presidente en ese momento contrasta con el tono que adoptó recientemente frente al Hércules, que transportaba un centenar de militares y se estrelló el pasado fin de semana en el Putumayo. Ese avión también fue un regalo de Estados Unidos a Colombia. | Lea también: Diez horas con el presidente Petro por aire y tierra La primera llegada de los helicópteros que Biden donó a Colombia se produjo en septiembre de 2022, apenas un mes después de la toma de posesión presidencial. Si bien el proceso de adquisición había comenzado años antes, durante el gobierno de Iván Duque, fue la administración del Pacto Histórico la que recibió oficialmente las aeronaves, las integró a su estrategia de seguridad y les asignó tareas de protección ambiental. En lugar de destinarlos exclusivamente a operaciones contra el narcotráfico, el nuevo gobierno decidió orientarlos hacia la protección de la selva amazónica. El presidente Petro, orgulloso de la donación recibida, bautizó a los helicópteros “las guacamayas”, nombre que buscaba asociarlos a la biodiversidad que se pretendía proteger. La Policía Nacional, institución encargada de operarlos, asumió este enfoque como parte de su despliegue en territorios afectados por la tala ilegal, los incendios forestales y la expansión de economías ilícitas. La narrativa oficial giró entonces hacia la defensa del medio ambiente, tema que se convirtió en una de las banderas centrales del gobierno. En el acto de recepción, el entonces director de la Policía, mayor general Henry Armando Sanabria –quien sólo duró 8 meses en el cargo y fue reemplazado por el general William Salamanca, a quien Petro sacó del retiro–, destacó las capacidades de los Black Hawk, helicópteros diseñados para operar en condiciones complejas, con capacidad para transportar personal, carga y realizar misiones de evacuación médica, búsqueda y rescate o apoyo en desastres naturales. También se pueden adaptar para combatir incendios forestales mediante sistemas especializados. | Lea también: Los aviones de los 7 poderosos presidentes de Occidente Los helicópteros corresponden al modelo UH-60 Black Hawk, muy utilizado en operaciones militares y humanitarias en diferentes partes del mundo. Son aviones bimotores, con rotor de cuatro palas, capaces de transportar hasta 11 personas o grandes volúmenes de carga. Su diseño robusto les permite operar en terrenos difíciles, una característica clave para un país con geografía diversa y zonas de difícil acceso como Colombia. Detrás de la fabricación de la docena de aviones diseñados se encuentra Sikorsky Aircraft Corporation, una empresa fundada en 1925 por el ruso-estadounidense Igor Sikorsky. La compañía desarrolló este modelo en el contexto de las necesidades del ejército estadounidense de reemplazar aviones más antiguos y mejorar su capacidad de transporte táctico. Desde que entró en servicio a finales de los años 1970, el modelo Black Hawk se ha utilizado en múltiples escenarios y ha acumulado millones de horas de vuelo. Cuando los helicópteros aterrizaron en Colombia, tanto el gobierno saliente, que los había gestionado, como el gobierno entrante, que los recibió, acordaron expresar su agradecimiento por el apoyo estadounidense. Petro lo hizo desde una perspectiva alineada con su proyecto político, enfocando el uso de aeronaves en protección ambiental y misiones humanitarias. En ese momento la acogida fue positiva y no hubo preguntas públicas sobre el origen o condiciones de los equipos, algo que contrasta con lo ocurrido tras el accidente del avión Hércules en el Putumayo, cuando el presidente cuestionó la antigüedad de las aeronaves y calificó este tipo de donaciones como «chatarra» de segunda mano. Aunque algunos de los Black Hawk se encuentran varados en Tolemaida por falta de mantenimiento, otros continúan operando en el país como parte de la estrategia de intervención en zonas críticas. Su despliegue incluye no sólo la Amazonia, sino que también están disponibles para llegar a diferentes regiones y responder a emergencias, transportar ayuda o facilitar el acceso a servicios básicos. La Policía Nacional y el Ejército los han vinculado a diferentes misiones aprovechando su capacidad de adaptación a múltiples escenarios. En medio del debate sobre la recepción de antiguas donaciones, que muestra una narrativa oficial cambiante pero aún política, los aviones que Estados Unidos ha regalado, que no han sido pocos en la historia de la cooperación militar entre ambos países, siguen cumpliendo funciones clave en un país donde la geografía y las condiciones de seguridad hacen del transporte aéreo una herramienta esencial. Navegación de publicaciones

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